Muchas veces me quejo del paseo marítimo, de lo monótono de hacer siempre los entrenos por el mismo sitio. A veces creo que conozco cada piedra, cada charco, cada bache. Me quejo de la poca iluminación que tiene, me quejo del frío que hace o del calor, de la humedad, de las olas que lo inundan. Los domingos me quejo de la multitud que pasea, no me dejan pasar, de los perros, los niños en bici...Como casi siempre quejas de vicio. Esta semana he hecho muchos de mis entrenos lejos de "mi"paseo marítimo. Cinco días de reuniones en Madrid, hospedado en un hotel de un centro comercial en la periferia de la capital. No hay piscina, no hay rodillo, lo único que queda es correr y el paisaje no es precisamente...como diría, ¿bucólico? Es lo que hay, a correr por las calles de polígono, carreteras con poca luz, rotondas peligrosas, el final de la ciudad, pero que aun no es el inicio del campo. Pero yo volveré pronto a mi paseo marítimo. No lo harán la mayoría de los corredores con los que me cruzo que no son pocos y que sin otra opción, patean las calles del polígono un día tras otro y demuestran que con motivación cualquier sitio es bueno para correr.

Una semana muy complicada, con mucho trabajo, incluso el sábado, a pesar de ello y sin agobios he completado más de 9 horas de entrenamiento. Sobre todo sin agobios, buscando un hueco cada día para cumplir, con lo que se tiene a mano y sin pensar mucho en lo que podré hacer mañana. Sumando y a ver que pasa.