domingo, 26 de agosto de 2007

Niños todavía

Acabamos las vacaciones y para muchos empieza el nuevo curso. Es como cuando eramos pequeños e íbamos al colegio. Todo era nuevo, el reencuentro con los amigos, ese olor a goma de borrar y lapizero. Hoy es el reencuentro con el jefe, con las preocupaciones, con las obligaciones. Se hace duro. Pero junto a todo esto hay una parte de reinicio, como aquel volver a empezar lleno de ilusiones de cuando eramos unos críos. Es el volver a la rutina de entrenos a los lugares habitules, ahí donde tienes medido cada km, cada metro. Vuelven los fines de semana de tiradas largas con los colegas y sobre todo vuelven los nuevos proyectos. Miles de ideas bullen en nuestras cabezas y el planteamiento de una nueva temporada llena de excitantes retos nos hace menos dura la vuelta a la cotideanidad.
Este creo que es un hecho diferencial en todos los que nos dedicamos a los deportes de fondo por afición. Esa ilusión extra que tenemos frente a la vida que no deja de ser el combustible que hace que nuestro motor arranque cada día con un plus de potencia. La ilusión. Una parte de nosotros sigue siendo aquel niño ilusionado que empezaba el nuevo curso, capaz de inventar aventuras imposibles, de volverse loco con sus nuevas zapatillas o de quedarse horas ensimismado frente a un escaparate repleto de bicis relucientes. Quien no a vuelto a casa un día de lluvia con una sonrisa de oreja a oreja después de haberse metido en todos los charcos del camino con su MTB. Pues eso a trabajar, a entrenar y por favor a seguir siendo un poco niños todavía.

lunes, 20 de agosto de 2007

Enciende las luces

Esta mañana me he levantado pronto. Me he vestido y he salido sin pensármelo dos veces. La mañana es fría aquí en el Pirineo leridano. He enfilado la carretera, está poco transitada a estas horas. Para que la cosa no se hiciera larga he parado a comer algo en el primer pueblo que he pasado, no mucho tiempo, no sea que me enfríe. Otra vez a la carretera. Solo salir del pueblo veo el primer cartel: Puerto de la Bonaigua 14 km. Rectas, curvas, el camino está en obras y se hace más duro. Sigo, curva, contra curva. Casi llegando a la cima me invade la niebla...."ENCIENDE LAS LUCES!", grita mi mujer....Soñaba despierto, que bonito hubiera sido recorrerlo en bici.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Desconectar

Para eso dicen que sirven las vacaciones, para desconectar. Desconectar del trabajo, de las preocupaciones, de la vida cotidiana. Lo malo es cuando también tienes que desconectar de aquello que más te gusta, la bici, el correr, el deporte. Llegan las vacaciones y si por mi fuera estaría todo el día dale que te pego, salidas kilométricas con la bici, combinar varias disciplinas el mismo día, algún día de montaña. Pero claro, no vivimos solos y la mayoría tenemos pareja. Esa "Santa" que aguanta todo el año nuestro ritmo de entrenamientos y lejos de enviarnos al carajo, encima aun nos viene a animar en alguna carrera. Así que llegan las vacaciones y nos tenemos que arrancar de encima, aunque sea un poquito, ese egoísmo que nos recubre todo el año. Toca hacer algo diferente que complazca a todos. En mi caso este año ha sido un viaje. Avión, coche de alquiler y a seguir el mapa. Un castillo, un ferri, un paisaje maravilloso, una cervecita, otro castillo, un paseo, otra cervecita...La verdad: no está mal y encima te enteras que hay algo más, gente diferente, idiomas diferentes, otras culturas, Eso sí de reojo siempre se le puede echar un vistazo a esa tienda de bicis que tienen cosas tan guapas y que no se distribuyen aquí , mirar ese que pasa corriendo, comprar alguna revista de fuera.... Reconozco que un paréntesis en el entreno va bien, sobre todo a nivel mental. Y siempre nos podemos consolar viendo como entienden el deporte en otro lugar,...sin que se note mucho.


Engendro ciclista visto en Edimburgo.


viernes, 3 de agosto de 2007

El monstruo negro

Estoy medio dormido cargando la bici en el coche, me he dado un buen madrugón para estar de vacaciones. Carles, un amigo de las mismas aficiones “masoca-deportivas” a las mías, me ha citado a las 7:30. "Haremos una ruta muy guapa”, me prometió ayer...uf! esto suena a machaque. Mientras desmonto las rueda para meter la bici en maletero del coche me doy cuenta que algo le pasa a mi fiel Trek, ¿he pinchado?. Pues no, lleva puestos los “slick”, el sueño hace estragos en mis neuronas. Ya no lo recordaba, hoy toca carretera. La carretera para un mountainbiker como yo, es ese monstruo de color negro con una franja blanca en el lomo que se come a los ciclistas. Así el día se presenta entre emocionante e incierto y por que no decirlo, con un pelín de “acojone”. Recojo a Carles y sobre las 9 ya estamaos en el punto de partida con todo listo.
Después de 50 km y más de 1000 m de desnivel positivo estoy agotado pero tengo una sonrisa de oreja a oreja que me durará todo el día. Hemos recorrido una serpenteante y solitaria carretera que sin apenas descansos te lleva des de el nivel del mar, con un clima bochornosamente mediterráneo, a 1200 metros de altura en un clima fresco continental con una vegetación tan abundante que casi no deja pasar la luz del Sol. Impresionante. Y todo sin a penas ensuciar la bici, sin pisar un metro de tierra. En fin, que no solo de ruedas gordas vive el ciclista y está claro que si eliges el destino y la compañía adecuados el monstruo negro no es tan fiero y te puede llevar a lugares majestuosos...¿para cuando una hermanita flaca para la Trek?